Trasversales
Luis M. Sáenz

Cataluña: elecciones y lecciones


Revista Trasversales número 4,  versión electrónica, otoño 2006



Las elecciones catalanas son motivo de reflexión. Si en 2003 el triunfo de la izquierda en Cataluña abrió camino hacia el cambio político en España, ahora no deberíamos despachar lo ocurrido como un fenómeno territorial. Nos afecta a todos.

Se confirma que en Cataluña hay doble mayoría: de izquierda (PSC, ERC, IC-V) y nacionalista (CiU, ERC). Ambas opciones de gobierno están abiertas, así como la "socioconvergencia" (CiU, PSC).
A mi entender, la mejor opción sería un tripartito II, presidido por Montilla o por Saura, si se cumplen ciertas condiciones. En el tripartito I faltó la corresponsabilidad de ERC, que se alió con CiU para "desbordar" a sus aliados en la redacción del Estatuto, forzando a Zapatero a una intervención para salvar el Estatuto a costa de dar protagonismo a CiU, y que protagonizó el escandaloso caso de las "aportaciones" de los cargos de confianza en los departamentos bajo su mando. Sin compromiso de corresponsabilidad y sin garantías de que ERC no manejará durante la legislatura su posibilidad de aliarse con CiU, mejor no intentarlo y dejar paso a un gobierno liderado por el partido más votado.

Aunque todos los partidos han perdido votos respecto a 2003, excepto IC-V -que aportó sentido común al tripartito- y, claro está, un Partido de los ciudadanos que se presentaba por primera vez, el más castigado electoralmente es el PSC. Algunas impresiones:
- El tripartito, a base de errores de bulto, descoordinaciones, declaraciones disparatadas y excentricidades de varios líderes de PSC y ERC, transmitió imagen de desbarajuste, a pesar de haber conseguido un nuevo Estatuto y de las importantes iniciativas políticas tomadas en terrenos como la sanidad y la educación. Quien más ha pagado las consecuencias de ello ha sido quien más responsabilidad tenía en el gobierno, el PSC, sin el paliativo que en otros territorios puede aportar un "voto útil" defensivo dirigido a cerrar el paso a una derecha extremista como la representada por el PP.
- Desmentida queda la hipótesis según la cual el desfase entre las marcas electorales del PSC en autonómicas y generales se debía al origen "catalanista burgués" de sus candidatos. Montilla merece todo mi respeto político y personal, pero quizá no fuese el candidato más adecuado, no por su origen andaluz, que no ha perjudicado ni beneficiado al PSC, sino por ser un hombre excesivamente "de partido", una traslación directa del aparato político del PSC e incluso del propio PSOE, carente de la imagen más "ciudadana" y más autónoma de Maragall, que, pese a los errores cometidos, seguía siendo el político catalán más valorado.

Una conclusión, que dirigiría también al gobierno español, con cuya actuación estoy bastante satisfecho: rectificar es de sabios, pero pensarse las cosas dos veces antes de dar respuestas precipitadas, también.


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