| Fernado Gil Juicio 11-M: CELEBRITY o las consecuencias de la fama Revista Trasversales número 5, versión electrónica, invierno 2006-2007 Todo empezó en medio del Atlántico, en una base militar de las Azores, donde, en marzo de 2003, el presidente norteamericano G. W. Bush se reunió con tres primeros ministros, José María Aznar, Tony Blair y Durao Barroso, para dar un ultimátum al Gobierno de Sadam Hussein. De aquella reunión partió la decisión de invadir militarmente Iraq por mantener relaciones con la red terrorista de Al Qaeda y poseer armas de destrucción masiva, a pesar de los informes negativos sobre la existencia de tales armas emitidos por la Comisión de la ONU dirigida por Hans Blix. Pero la decisión de derrocar al despótico Sadam Hussein ya estaba tomada, y si no se habían hallado pruebas ni motivos sólidos que justificaran una decisión tan grave, al menos se habían puesto en circulación dos buenos pretextos mediante una potente campaña de propaganda La reunión de las Azores fue inmortalizada por una fotografía, en la que, junto a Bush y Blair, aparece Aznar, despeinado por el viento salino, mirando hacia el horizonte como sólo saben hacerlo los grandes estadistas en los momentos decisivos de la historia. Porque esa foto pasará a la historia, pero por motivos distintos de los buscados por sus protagonistas; pasará a la historia de la infamia, de las grandes mentiras de Estado, de las matanzas de civiles y de las operaciones militares desastrosas. La decisión adoptada en las Azores ha tenido consecuencias terribles para Iraq: Hussein ha sido ejecutado, el país está enfrentado en una espiral de violencia y en riesgo de perder su unidad, las tropas invasoras están atrapadas sin saber qué es peor, si quedarse o marcharse. Las armas de destrucción masiva nunca aparecieron, ni los lazos del régimen de Hussein con Al Qaeda, pero ahora, fortalecida su causa con otro motivo, el terrorismo islamista campa a sus anchas por el territorio iraquí, convertido en campo de entrenamiento. Los tres dirigentes fotografiados han caído en el descrédito y los países que dirigen se han convertido en objetivo de nuevos ataques terroristas, como aquí bien sabemos. Con aquella fotografía en primer plano, Aznar creyó que él alcanzaba su mayor gloria y sacaba a España del rincón de la historia, pero en realidad colocaba al país que debía proteger en la diana de los terroristas islámicos. |