| Enrique del Olmo Tras el debate sobre “estado de la nación” Una nueva fase política Revista Iniciativa Socialista (primera época de la actual revista Trasversales) , número 76, verano 2005. Si algo ha sido comentario común al finalizar
el debate del estado de la Nación que se realizó en el Parlamento
en los pasados días, es una cierta perplejidad por la brutal agresividad
del “pausado” Rajoy. Las encuestas posteriores al debate han sido demoledoras
para la línea Aznar-FAES que tan bien puso en escena el actual presidente
del PP; no sólo en referencia al tan deportivo “¿quién
ganó?”, que ha sido tan claro a favor de ZP como el triunfo liguero
del Barça, sino todos y cada uno de los aspectos planteados, donde
se observa un apoyo claramente mayoritario hacia las posiciones del Gobierno,
incluso entre una parte muy significativa del electorado del PP. El entramado
mediático, que arropa a la derecha y la jalea en su viaje hacia el
extremismo ultramontano, intentó amortiguar el golpe recibido confundiendo
la radicalidad de las frases con el impacto de los argumentos.
El grueso error del neoconservadurismo “español” ha abierto muy importantes grietas, no sólo en sus márgenes de acuerdos político (de hecho voló todos los puentes) sino en su misma e importante base social. Una vez más la incapacidad manifiesta de la derecha para aceptar un normal juego democrático cuando está en la oposición le lleva a atacar no al Gobierno de turno, sino al conjunto del sistema político y la conduce al aislamiento. Desde la victoria del PSOE y la configuración de la actual mayoría parlamentaria progresista, el PP ha basado su política en la negación de la legitimidad de la victoria de ZP en las urnas, pero ha seguido tocado en su credibilidad ante el conjunto de la población (no hay que olvidar el peso del rechazo a la manipulación en su derrota electoral). Ha tenido que recurrir a la fuerza de las corporaciones de la derecha para enfrentarse a la política gubernamental, de ella destacamos tres componentes:. Por encima de todas, la Iglesia y sus campañas de atemorizamiento moral a los católicos si no se oponían a la política del Gobierno. Abarcando desde: los matrimonios gay hasta ¡el Plan Hidrológico Nacional!, en esta batalla la jerarquía eclesiástica ha contado tanto con el Papa fenecido como con el surgido de la fumata blanca de San Pedro. El cambio en la Presidencia de la Conferencia Episcopal ha sido un duro golpe para ese Aznar con sotana que es Rouco Varela (“Madrid es el pecado” es su ultima aportación aunque no sabemos si es un posicionamiento en el enfrentamiento Esperanza-Gallardon) y posiblemente refleje una reacción ante el fundamentalismo españolista de la misma derecha que arrincona a las iglesias catalana y vasca. En segundo lugar, está la ofensiva de agitación de la derecha extrema, acaudillada por la COPE, en cuyas aguas abrevaban toda los predicadores que vivieron su época dorada en la TV de los Urdaci y en los medios de Pedro J. y Anson, pero que hoy han decidido ocupar los instrumentos de agit-prop modernos: sms, espacios digitales, periódicos gratuitos, movilizaciones de “pancarta”… uniendo sus esfuerzos con la extrema derecha más tradicional. Ellos son los que crean el “caldo de inestabilidad” donde esperan que el PP resurja. El tercer instrumento utilizado en una parte de la judicatura, desde donde dictaminan sobre la irregularidad de las leyes que se proponen y resisten de forma numantina a cualquier propuesta que modifique el peso dominante en el que les dejó el PP. Por el momento sus primeros intentos han chocado con la decisión gubernamental de impulsar los cambios, pero van a formar de manera estable un ruido del sistema que busca hacer irrespirable la situación. Esta derecha, con el tótem de los Gobiernos del aznarismo, acomete la situación política y social con el deseo de repetir el 1996, transmitiendo una situación de crisis e intentando impostar un espíritu de cambio, como si hoy fuesen los momentos finales de los gobiernos de Felipe y como si sus “teorías” sobre el 11-M y los pretendidos “pacto con los terroristas” y “desmembración de España”, todo ello sin fundamento, pudiesen cumplir el papel de Roldan, Mariano Rubio y los GAL. Pero hoy la situación no tiene nada que ver con aquella y el debate del estado de la Nación lo refleja, aunque vista la bullangueria que mete la derecha parecería que el Parlamento no recoge esa España plural, democrática y con un claro sesgo progresista que es mayoritaria para abordar esta nueva fase política. Del debate del estado de la Nación y situando en su justo término el papel obstruccionista del PP, puede decirse que expresa una realidad política que se vino gestando desde la huelga general del 20 de junio de 2003, que acumulo extraordinarias fuerzas en la lucha contra la guerra, que explotó valientemente en la respuesta a los crímenes del 11-M y se transformó en cambio político el 14-M. En el primer año de Gobierno Zapatero, la gente pudo respirar y descendió el nivel de movilización social callejera pero se entró en un periodo nuevo, al que algunos han llamado segunda transición, que se caracteriza sobre todo por tres grandes elementos: una profunda ampliación de los derechos individuales, una apuesta por la paz y el desarrollo en la política exterior y una nueva articulación institucional de los territorios que configuran España. A ello, como consecuencia en primer lugar de la voluntad política de los ciudadanos vascos, se une una posibilidad cierta de dar fin al terrorismo de ETA. Este es un proyecto que deberá articularse en este periodo y que exige una respuesta desde todos los ámbitos. Ya no es sólo “otro mundo es posible” como expresión de una lucha y de un deseo, ahora lo que está planteado es que “otra España es posible aquí y ahora”. Ello requiere varias condiciones y una extraordinaria voluntad política de los actores políticos y sociales. Requiere un Gobierno que no baje la guardia en su rumbo reformista y dialogante. Cuando desde las filas del PP se tiende la trampa de preguntar “¿cuál es el proyecto de España que tiene ZP? “, con la contestación de que dependerá de lo que acuerden las diferentes partes en diálogo, se está afirmando una voluntad democrática de respeto a la diversidad expresada una y otra vez en las diversas consultas electorales. Requiere continuar con el camino abierto en la paridad, los matrimonios gays, la ley contra la violencia de género, en la profundización de los derechos individuales. Requiere también atreverse a romper amarras con el control no democrático que quiere tener la Iglesia católica sobre la sociedad española, como señala Vicente Palacio de Oteyza, en su excelente artículo Tocqueville no pasó por España: “Este fenómeno por el cual pluralismo religioso –hace referencia a Estados Unidos- va de la mano del pluralismo político, resulta incomprensible para los españoles (…) En España, un Gobierno progresista aún no se atreve a cortar las amarras entre el Estado aconfesional y la Iglesia”. Requiere también unos alíados políticos del Gobierno capaces de medir el alcance de sus acciones, que sepan cómo se puede avanzar teniendo una oposición carroñera y una presión conservadora extrema. A veces políticas y gestos realizados (por ejemplo las recientes boutades de Carod en Israel) para su propio electorado tienen un enorme impacto negativo en el avance de conjunto que se fragua. La relación con los nacionalismos, de diverso índole y carácter social, es compleja y difícil pero la asunción de un proceso muy importante y de una gran oportunidad política debe primar sobre todas las otras consideraciones. Por ejemplo, es una desgracia para el proyecto de la España plural y solidaria que el tripartito catalán sólo emita mensajes hacia el resto de España en términos de Estatuto y de financiación autonómica y no se haga bandera de que el primer modelo en educación del actual Conseller en Cap, Bargallo, introducía un factor de gran reequilibrio e igualdad en la escolarización a través de las oficinas municipales (eliminando la adulteración que la concertada introduce en el sistema educativo) o que los avances en la gestión sanitaria no tengan difusión. Y requiere también una posición activa de la sociedad en el proceso, y en esto nos encontramos con los movimientos sociales y sectoriales bastante solos, pues, para empezar, el mismo PSOE como partido no parece entender lo que el Gobierno ZP sí ha asumido respecto a la importancia y autonomía de los movimientos y el carácter de aliados estratégicos para este cambio. Las diversas Federaciones del PSOE siguen contemplando con prevención a los sectores independientes que se movilizan o que reclaman lo que consideran justo. La presión por desactivar la campaña de la CEAPA por una escuela laica es un ejemplo; por el contrario, cuando se trabaja unitariamente, como ha sido el caso de la reforma del matrimonio, las mismas apuesta del Gobierno se fortalecen. Una nueva fase se escenificó en el debate sobre el estado de la Nación. Todos los progresistas y demócratas de este país nos debemos implicar plenamente en el logro de un país más de todos, más democrático, más libre, más solidario, más europeo, donde todos los ciudadanos gocen en paz de plenitud de derechos y logremos articular una convivencia común de todas las naciones y regiones. Los neocons españoles han decidido oponerse a este cambio como gran bandera política abriendo un proceso de crisis en el mismo PP, que Galicia puede agravar aún más pero que desestabiliza y agria profundamente la situación política y obliga a tensar a todas las fuerzas que apuesten por este nuevo cambio del país, de sus derechos e instituciones. |