Trasversales
Vicent Àlvarez

Cosas pasadas llevadas por el tiempo

Revista Trasversales número 4,  otoño 2006

Vicent Àlvarez es miembro del Consell Valencià de Cultura


 
Con esas palabras, “cosas pasadas, llevadas por el viento”, aludía Günter Gras, en una excelente novela que estoy leyendo, a la desmemoria histórica. En su caso, el alemán,  querer olvidar el no tan lejano pasado nazi y los acontecimientos que acompañaron al mismo. En nuestro caso, correspondería al silencio que se ha venido manteniendo con relación a la guerra civil y la represión que le siguió. Viene al caso una afirmación  de  Joan  Fuster, otra víctima del olvido impuesto por la derecha, cuando sentenció: “Tot silenci, és complicitat”. Y es que la desmemoria, el silencio forzado, representan eso, complicidad.

Pese a todo, y en especial a la complicidad del PP, empezamos a recuperar la memoria histórica, se escriben libros, podemos ver documentales, películas, se abren fosas, hablan los que han permanecido callados por temor. Desde arriba han pretendido que los hechos pasados sean cosas llevadas por el viento. Ha habido que vencer resistencias, que vencer temores. Nadie pretende ningún tipo de revancha, simplemente queremos recordar, que se sepa. Y eso ha pasado aquí en Valencia, en el “ cap i casal” de este territorio, desgobernado por nuestra derecha más dura y pura, con una alcaldesa de “armas tomar”.
Hace ya un  año, desde la institución consultiva que es el Consell Valencià de Cultura planteamos el tema del cementerio, como depositario de parte de nuestra memoria, y se pedían medidas para mantener el recuerdo. Ahora, con motivo del aniversario de la República ha saltado el problema de las grandes fosas de fusilados que hay en ese cementerio, incluso de noche se ha tratado de acabar con esas fosas, testigos silencioso de un horror. Se comprobó que se estaban llevando los restos y las tierras como material para obras. El escándalo ha sido enorme.

La cuestión va más allá de la anécdota. Hay elementos simbólicos y sentimentales, hay, también, algo que es parte del patrimonio histórico, como lo reconocen nuestras leyes, la de Patrimonio Histórico Español, y las normas autonómicas, nuestra ley 4/98. En ellas  se reconoce como un bien a proteger el concepto de lugar histórico, concretando el principio del artículo 46 de la Constitución, el cual sanciona el deber de conservar y enriquecer el patrimonio histórico.
Nuestras leyes, como he dicho, configuran una especial protección a lugares vinculados a recuerdos o acontecimientos relevantes del pasado. Frente a esa actitud negativa de quienes siguen pensando que ese pasado debe ser olvidado, arrastrado por el  viento como indicaba Günter Gras, creemos que las cosas deben cambiar en el sentido positivo, de cerrar heridas reconociendo los hechos, haciendo justicia histórica, dado que la justicia ante los tribunales ya no es posible, por el tiempo transcurrido y por los nuevos tiempos.

Las instituciones no pueden ignorar hechos, ni, tampoco, que hay gentes merecedoras de rehabilitación, como fue el caso del Rector de la Universidad de Valencia, Joan Peset, fusilado por ser un investigador valioso comprometido con la República, cuyo proceso militar por auxilio a la rebelión fue una farsa y todavía no se ha revisado, pese a haberlo intentado algunos.
Ignacio Sotelo, en su último  libro (A vueltas con España), ha escrito: “mientras los alemanes llevan setenta años tratando de explicar lo inexplicable -el Holocausto-, los españoles han dado la espalda a su pasado y se niegan a hacerse cargo de su historia reciente”. Hay, pues, muchas razones para no olvidar, para evitar que el viento se lleve la historia.


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