Trasversales
Josu Montalbán

La obviedad de Fraga y la de los otros

Revista Trasversales número 7,  septiembre 2007

Textos del autor en Trasversales


Fraga ha dicho que “hay que ir preparando las sucesiones” y se han encendido un montón de luces. Del mismo PP y de los responsables de los demás partidos. Los portavoces del resto de los partidos se han apresurado a advertir que Rajoy está acabado y que, por lo tanto, malamente podrá competir por el gobierno de España en las próximas Elecciones. Puro oportunismo. Pero en el propio PP también se han encendido luces de alarma que han fluctuado entre Zaplana, -“en el PP no tenemos ninguna sucesión prevista”-, y Pujalte, que con su displicencia innata ha dicho: “no creo que se postule él”. Sirven para ilustrar estas secuencias las palabras de un diputado del PP “anónimo”, aparecidas como tal en un medio de comunicación, que ha puntualizado: “No es la primera vez que dice cosas que no convienen. Tiene 86 años y no es fácil controlarle”. Total, que una “chaladura” (dicho con todos los respetos) de un octogenario, ha levantado esta polvareda que nos entretiene a todos, con las manos sobre los ojos para evitar que nos los invada una mota de polvo, alejados de la triste realidad en que nos desenvolvemos.

Porque Fraga tiene razón en lo que ha dicho. Solo ha dicho una obviedad. En todos los órdenes de la vida las sucesiones se preparan y los sucesores se eligen con una finalidad: que no sufran las instituciones con los cambios y, en todo caso, que cualquier cambio lleve a una situación mejor. Lo hacen los banqueros, los empresarios, los presidentes de asociaciones gremiales, las organizaciones sociales, las instituciones religiosas,...etc. Incluso en los pequeños negocios familiares el padre y director del negocio elige entre sus hijos e hijas quién ha de ser el mejor y más indicado para dirigir su emporio tras su retirada. ¿Porqué no admitir que tal método pueda ser utilizado por una organización política? Cuando Rato anunció  su renuncia al FMI, todos especularon con que volvía para poner a disposición de su partido su importante caudal de conocimientos y reputación. Cuando Gallardón ha anunciado en voz alta su deseo de recalar en el Congreso de los Diputados, -que es una meta humilde y mínima para quien ha ostentado con tanta holgura la Alcaldía de la capital de España-, igualmente se han alzado las voces de los agazapados del PP para conminarle al silencio, porque sus palabras “desvían la atención del asunto vital”, que no es otro que derrotar al PSOE. ¿Alguien puede creer que él no desea lo mismo?

Pero las palabras de Fraga encierran una “verdad” muy dolorosa que mancha la imagen de la Política, las ideologías y los partidos. Ni los líderes ni los ideólogos ni los secretarios generales o presidentes de los partidos deben ser elegidos mediante fórmulas que se puedan considerar “sucesorias” y, por tanto, no resulta ético hablar de “preparar la sucesión”, porque el modo de elección de los líderes y representantes de los partidos ha de estar contenido en los Estatutos de las formaciones. Quienes intentan desacreditar las palabras de Fraga lo hacen porque quizás no estén demasiado bien colocados en el escalafón que dirige actualmente al PP e intentan hacer méritos. Si meditaran en torno al comportamiento de la derecha española en la Democracia que sucedió al franquismo no tendrían ninguna duda: a la Rajoy le deberá suceder, cuando sea preciso, quien sea propuesto por el Presidente Fraga, aunque su presentación pública deberá hacerse de modo que parezca que es Rajoy el autor de la propuesta. Así ha sido desde el principio. Fraga nombró a Hernández Mancha, y Fraga nombró a Aznar. Y Fraga nombró a Rajoy sirviéndose de la voz categórica de un Aznar endiosado para encubrir su falta de autoridad real. Lo malo es que Fraga está durando demasiado y, además, no calla lo suficiente. Para los Zaplana y compañía sería mucho mejor un Fraga reposando al pie de la chimenea, con una manta de paño dibujada de cuadros sobre sus rodillas, escuchando con la misma impasibilidad las noticias de los telediarios y las crepitaciones de los leños en el fuego. Sería mejor un Fraga que hablara poco de la España del siglo XXI porque él es muy partidario de aquella otra España de varios siglos antes, de orden y de ultratumba. Ahora tiene 86 años y dice cosas que no convienen a la coyuntura pero ¿son verdad?

No tiene demasiado sentido la discusión planteada alrededor de unas palabras tan simples, que solo se refieren al mero utilitarismo en que se basan los partidos políticos para su funcionamiento interno, pero tiene que dar qué pensar que los grupos políticos ajenos al PP hayan sacado como conclusión más importante que Rajoy está acabado. El juego político entre los partidos está basado, tristemente, en la convicción de que la creación y apuntalamiento de un líder lleva un tiempo, porque no se basa en la ideología concreta que predica sino en una serie de condiciones que vienen mucho más fijadas por las normas convencionales del mercado publicitario o mediático que por la reflexión ideológica. Esto, que a la derecha puede servir porque toda su exigua ideología está basada en el interés económico de cada momento, no puede servir para las izquierdas, donde el soporte ideológico y programático choca de principio con el mismo sistema capitalista de mercado en que debe ejercer sus responsabilidades.

¡Que el PP prepare las sucesiones de Rajoy y de cuantos haga falta! Poco importa que ellos gobiernen su partido y sus órganos de dirección como si se tratara de una monarquía hereditaria. Lo que han de criticar las izquierdas y otras fuerzas políticas con mayor calado democrático que el PP es el concepto de “sucesión” aplicado a una fuerza política que ha gobernado España hace muy poco tiempo y aspira a gobernarla. Fraga, está claro, vive y está presente. Reniega de cualquier tipo de memoria histórica que alcance más de treinta años, es decir, renuncia a que se recuerden muchos años de sus primeros 56 años de vida, pero está presente. A mí me gustaría que quienes nos las vemos y nos las deseamos para poder recordarle aquellos 56 años, porque la derecha reaccionaria y hereditaria a la que preside nos niega toda posibilidad, no demos a las palabras de Fraga más importancia que la que damos al chasquido de un leño encendido en el llar. Aunque pueda estar diciendo lo más obvio.



Trasversales