Trasversales
José Luis Redondo

¡Desarme  nuclear ya!

Revista Trasversales número 11,  verano 2008

Textos del autor
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La agresividad humana parece una de las señas de identidad de nuestra especie. Aunque sin ser su consecuencia, la guerra ha sido la estrategia más repetida para resolver conflictos desde que existe memoria histórica. Los efectos más nefastos de las guerras han dependido de la potencia de las armas usadas. Armas siempre renovadas y siempre con mayor capacidad mortífera. Las armas nucleares prometen el máximo de destrucción entre las conocidas. Es verdad que pueden ser asesinadas miles de personas incluso con machetes, véase el genocidio de Ruanda, pero no deja de producir espanto un arma que puede aniquilar a miles e incluso a millones de personas y que puede llegar a suponer la destrucción de la humanidad.

Uno de los escasos avances civilizatorios, en el marco de las guerras, es el repudio y prohibición de armas especialmente odiosas. Así sucedió con la utilización de gases, que fueron prohibidos después de ver sus efectos en la primera guerra mundial. Escasamente se han vuelto a usar y el dirigente o país que lo ha hecho se ha convertido en villano mundial, como el caso de Sadam Hussein.

Ya se había conseguido prohibir las minas antipersonas, que mataban o mutilaban de forma indiscriminada. Acaba de comenzar el recorrido para la aprobación de un tratado contra la fabricación y utilización de las bombas de racimo. Estas bombas, que también se producían en España, se pueden convertir en unos cientos de nuevos explosivos, con enorme daño para la población civil.

¿Qué tienen de común estas armas para resultar tan rechazables? En todos ellas los efectos son especialmente incontrolables, dañan a la población civil y carecen de objetivos definidos.

Las bombas nucleares son armas como las anteriores, no sólo destruyen personas y objetos de forma masiva e indiscriminada, sino que los residuos radiactivos que pasan al medio ambiente pueden afectar a cualquier persona o lugar, independientemente de donde se han lanzado.

Los gases, las minas antipersonas y las bombas de racimo han sido rechazadas en tratados, que afectan incluso a países no firmantes, ya que han dejado de usarlas. Para alcanzar estos acuerdos se ha creado primero una opinión pública que las rechaza. Este sería el primer paso en el caso de las armas nucleares, hay que volver a poner ante la opinión pública la presencia de estas armas y su terrible amenaza, hay que sumar opiniones de personas e instituciones en su contra.

Hay miles de bombas y de misiles extendidos por el mundo, aunque controlados por ocho o nueve países. El rechazo de estas armas supuso un amplio movimiento antinuclear y se ha concretado en el Tratado de no proliferación de armas nucleares de 1970, que ha permitido contener su expansión. Es este un campo en el que algunos sostienen que cualquier país tiene derecho a tenerlas si hay otro que las tiene. Sin embargo, es evidente que la extensión de los países nuclearizados aumenta enormemente las posibilidades de su utilización en conflictos locales entre dos países, con el desastre consiguiente. Así ha sido en los momentos de enfrentamientos entre India y Pakistán. En la etapa de la guerra fría, ésta no estalló por el gran peligro de una guerra nuclear entre EEUU y la URSS, la Destrucción Mutua Asegurada. Por lo tanto, en mi opinión, hay que mantener y extender los países firmantes del Tratado de no proliferación y el de Prohibición completa de los ensayos nucleares, TPEC, tratados controlados por la OIEA, (véase mi artículo en el nº 2 de Trasversales Las armas nucleares y el caso de Irán).

Las bombas nucleares son de fisión y de fusión o de hidrógeno. Las de fusión, para que ésta pueda producirse necesita el estallido previo de una bomba de fisión. El control de este armamento tiene que centrarse en los materiales que fisionan, el plutonio o el uranio enriquecido con uranio 235. El uranio natural tiene una masa de 238 unidades de masa atómica con pequeñísimas cantidades del de masa 235, que es el único que se puede romper. Para producir una bomba de fisión se necesita enriquecer el uranio normal hasta un 90% de U-235, la otra opción es producir el plutonio (que es artificial) en reactores rápidos. Así que el control sobre estos procesos es esencial para evitar la producción de estas armas. La importancia de hacer este control sobre Irán está en evitar otro país con este armamento en una zona altamente conflictiva, sin embargo Irán sigue enriqueciendo el uranio aceleradamente y aumentado la tensión, sin que las medidas de presión tengan éxito, a diferencia de lo que se está consiguiendo con Corea del Norte.

Además de realizar informes y llegar a la opinión pública sobre la terrible amenaza de estas armas ¿qué se puede hacer?

Pueden comenzarse campañas por ONG y organizaciones de todo tipo, como las que han conseguido los tratados de prohibición de minas antipersonas y de bombas racimo. Naturalmente la presión hay que hacerla sobre los países que tienen o pueden tener armas nucleares. Parece que el eslabón más débil está en Europa; Francia y el Reino Unido no tienen enemigos, ni su potencia nuclear es grande como para que su supresión modifique sustancialmente su capacidad, sobre todo en una UE que renuncie a estas armas. En segundo lugar India y Pakistán, en la medida en que está disminuyendo su enfrentamiento, pueden ser convencidos de que suprimir las armas nucleares puede ser mejor para sus relaciones futuras. Los países restantes con este armamento presentarán un resistencia mayor a su desarme. Israel, poseedor oculto de estas armas, en función del conflicto con los países cercanos tenderá a mantenerlas por sentirse amenazado, sólo el avance de la solución al conflicto con Palestina facilitaría el desarme. Hay que tener en cuenta que los efectos de lanzar bombas nucleares sobre los países vecinos también afectaría a la población de Israel, debido a la propagación de los isótopos radiactivos por el aire.

La situación de China va ligada a su nacionalismo, al intento de presentarse como una primera potencia. La supresión de estas armas (tiene unas 100 cabezas nucleares) no cambiaría su potencia militar y podría conseguirse en un marco de desarme generalizado.
El hueso más duro de roer está en Rusia y EEUU. En este último país se habla de 5.000 a 10.000 cabezas nucleares, que en Rusia serían menos de la mitad, mientras en los otros países no pasarían de un centenar.
Unos miles de cabezas nucleares suponen apostar por una guerra atómica, como la que se planteaba durante la guerra fría. No parece que tenga actualmente ningún sentido la amenaza de destrucción mundial, cuando han desaparecido los bloques. Sin embargo, EEUU mantiene su predominio mundial basado, en gran parte, en su superioridad en todo tipo de armamentos, las bombas nucleares son el telón de fondo de este predominio. Rusia se siente amenazada por la expansión de la OTAN y la presión de EEUU para poner bases del escudo antimisiles en Polonia y en la República Checa. Este escudo antimisiles resulta un esfuerzo propagandístico, pues nada podría detener una oleada de misiles con cabezas nucleares.

Es necesario avanzar hacia una política más multilateral, con mayor peso de la ONU y de acuerdos entre grupos de países. Deberíamos seguir presionando para que continúe el desarme que había comenzado tras del final de la guerra fría, no sólo está el peligro de conflictos nucleares, sino que ha aparecido la posibilidad de que grupos terroristas se hagan con estas armas. El desarme de las dos grandes potencias sólo puede lograrse de forma simultánea, acompañadas por aquellos países que no se hayan desarmado previamente. Es decir, que el desarme puede ser progresivo o con un acuerdo entre todos los países nuclearizados, pero tendría que concluir en un tratado controlado internacionalmente por la OIEA.

El eslogan puede ser “¡desarme nuclear ya!” y el comienzo de una larga marcha para evitar uno de los mayores peligros que acechan a la humanidad, un peligro que parece olvidado y que hay que volver a traer a la luz.
El ser humano se acostumbra a todo, la destrucción de Hiroshima y Nagasaki produjo horror y parecían imposibles las guerras nucleares e incluso un  nuevo uso de estas bombas, de hecho nunca más utilizadas. Sin embargo, se volvieron usables en el contexto de los bloques enfrentados, produciendo un horizonte de terror pero a la vez de disuasión. El mundo actual vuelve a hacer posible guerras locales con el uso del potencial nuclear y es esto lo que hay que volver a presentar como horroroso y proponer su rechazo.
Es tarea de todos frenar la expansión del armamento nuclear y conseguir su eliminación. Es urgente y es posible.

Junio de 2008




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