Trasversales
Manuel Martínez Chicharro

Mejor con menos

Revista Trasversales número 14 primavera 2009




Mejor con menos Joaquim Sempere es miembro muy activo del consejo editorial de Mientras Tanto, una revista fundada por Manuel Sacristán y que sigue una línea que ha sido calificada como eco-marxista.
Sempere publicó L’explosió de las necessitats en 1992. Mejor con menos (Crítica, 2009) es una versión castellana del libro anterior, pero muy actualizada. El subtitulo, “Necesidades, explosión consumista y crisis ecológica” aclara su contenido. La explosión y, más aún, la crisis, son temas ya muy tratados incluso por la prensa diaria y me limitaré a decir que encuentro la exposición de Sempere muy completa y bien estructurada. A destacar el estudio de la “dinámica en espiral que alimenta la carrera sin fin hacia consumos crecientes”, un fenómeno central de las sociedades modernas y contrapartida psicosocial inseparable del crecimiento económico. “El crecimiento de la demanda alimenta el de la producción. Y el crecimiento se instala como rasgo esencial e irrenunciable del sistema económico en su conjunto”. “El resultado es un consumidor no sólo sometido a una espiral competitiva que no controla, sino además fragilizado ante las incitaciones publicitarias a un consumo cada vez más ostentoso”. El capítulo segundo del libro se cierra con un párrafo que por su claridad, vale la pena reproducir:
La publicidad comercial es seducción, llamada de atención, reclamo, incitación a un hedonismo primario, invitación a la irresponsabilidad ecológica y social en la medida misma en que incita a consumir sin tomar en consideración el contexto socioecológico. Con la invasión publicitaria de los medios de difusión masivos, se deja que el gran capital se convierta en un acondicionador de la moral colectiva: se le confiere un poder descomunal. La gota malaya de la incitación permanente a la irresponsabilidad, además, tiene el efecto colateral lamentable de conducir a la dictadura de la audiencia y a la degradación estética y moral que provoca. Mientras tanto, mientras el gasto publicitario mundial supera el medio billón de dólares, no hay dinero ni iniciativa para explicar al comprador muchas cosas que le interesan como consumidor, como ciudadano y como persona. Finalmente, otro efecto colateral de este poder sobre los medios es la capacidad de los grandes poderes económicos para condicionar el trabajo de los periodistas empleados en medios que están en manos de intereses privados y limitar la libertad de opinión e información
Más interés, por estar menos manido, tiene su tratamiento de las necesidades, un tema ciertamente vidrioso. En primer lugar es destacable su consideración nada nostálgica de que...
Las sociedades tradicionales eran más ecológicas. Pero no eran siempre más agradables, ni más libres ni espiritualmente más ricas. La vida urbana y la movilidad personal han representado un avance en libertad y en potencial de enriquecimiento personal frente a la estrechez de la vida aldeana, aislada, encerrada en sí misma, opresiva para el individuo e intolerante para quienes son distintos
Conozco de primera mano la vida en un pueblo a mediados del pasado siglo y sólo objeto el adjetivo “intolerante”, que necesitaría alguna matización.
Sempere se extiende en las necesidades y dependencias biológicas y psicosociales (seguridad, reconocimiento, pertenencia), en la dialéctica de lo superfluo y lo necesario, en el refinamiento de la sensibilidad y de las costumbres para llegar al impacto humano sobre la biosfera y “la pedagogía de los límites”, incluyendo consideraciones y cálculos propios o ajenos siempre discutibles, pero no exentos de valor, para concluir que “el crecimiento ilimitado es una quimera”. “La biosfera no soportaría que el estilo de vida euronorteamericano se generalizara a todos los habitantes del planeta”. Habida cuenta de que este estilo es el modelo ambicionado por casi todo el mundo, el conflicto está servido.
El capítulo 6 se titula”¿Es posible la autorregulación de las necesidades humanas?”:
Si no se acepta socialmente la evolución hacia una frugalidad consentida y organizada, la alternativa probablemente sea una austeridad forzada, con más injusticias y opresión social: alguna forma, por ejemplo, de ecofascismo.
Sempere comparte con otros autores “la idea de que toda teoría de las necesidades humanas debe tener un núcleo normativo” e indaga sobre la “ética del consumo” y las experiencias institucionales de la regulación de las necesidades. Sobre la situación actual del Estado del bienestar (EB) tiene un diagnóstico muy certero:
En su esquema teórico el EB comporta una redistribución de la riqueza. Las personas pagan sus impuestos y cotizaciones en función de sus ingresos o su patrimonio, y a menudo de manera más que proporcional… (progresividad fiscal)… Las clases adineradas han aceptado a regañadientes este esquema impositivo, tratando de esquivarlo mediante varios procedimientos, como el fraude fiscal. La mundialización capitalista de los últimos años ha facilitado la evasión fiscal mediante la deslocalización y evasión de capitales hacia países con presión fiscal menor o nula, como es el caso de los llamados paraísos fiscales. A medida que crece la evasión fiscal en cualquiera de sus formas, el esquema redistributivo del EB se va modificando. La  recaudación proviene cada vez menos de las grandes fortunas y cada vez más del conjunto de los asalariados y de las clases medias. La solidaridad social propia del EB se erosiona o se quiebra. Esto contribuye a la creciente desafección de las clases medias respecto del EB… lo cual no hace más que acentuar la crisis del EB en todas partes, pues las clases medias suelen tener más capacidad de presión sobre los gobiernos.
Cabe objetar que Sempere no cargue más las tintas sobre estos paraísos donde además casi todos los poderosos del mundo y delincuentes de todo tipo tienen sus reservas por si vienen mal dadas. Por otra parte, la crisis económica actual y el triunfo electoral de Obama, posterior a la escritura del libro, pueden atenuar la decadencia del EB, pero es pronto para evaluar estos hechos; personalmente, soy pesimista al respecto.
Para terminar, no falta en el libro información sobre iniciativas públicas y privadas (grupos ecologistas) a favor de un consumo responsable y sostenible, pero es evidente la endeblez de estas iniciativas frente al imponente poder de un sistema que muchos vemos que marcha mal y puede acabar catastróficamente, pero sobre el que nadie tiene ideas claras y viables de cómo se puede enmendar.




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