| Francisco Javier Vivas Asignatura pendiente Revista Trasversales número 25 enero 2012 Otros textos del autor Suspensos que jamás se recuperan,
asignaturas que no se aprueban, capítulos de la vida que formalmente
no se cierran o cuentas que nunca se saldan eran conclusiones de la homónima
película de J. L. Garci. Zapatero, en 2004, aseguró a
sus seguidores que no les fallaría, porque el ejercicio del poder no
iba a cambiarle. Les falló, porque cambió. Pero, ¿qué
tenía en la cabeza cuando hizo tal promesa? La frase, un desliz freudiano,
revela que Zapatero pensaba que el ejercicio del poder había cambiado
a González. ¿Sólo a González? No, la estancia
en el Gobierno había cambiado a González y había cambiado
profundamente al partido. Como la estancia en el Gobierno ha cambiado a Zapatero
y, arrastrado por él, ha cambiado al PSOE hasta dejarlo irreconocible
para millones de electores, incluso para muchos de los que le han votado.
De lo cual se extraen varias conclusiones: una, que el PSOE es un partido
cuyos máximos dirigentes cambian, desplazándose a la derecha,
cuando están en el Gobierno. Dos, que es un partido que cambia dócil
y profundamente detrás de sus dirigentes. Tres, que tales cambios amenazan
con desnaturalizar el partido. Cuatro: que los cambios en la naturaleza del
partido debilitan su perfil y lo hacen más vulnerable a las presiones
externas. La gran asignatura pendiente del PSOE
es tenderse en el diván y hacer un examen crítico sobre su trayectoria
reciente; un examen de conciencia, como dirían sus afiliados católicos,
sin el cual no hay dolor de corazón ni propósito de enmienda.
Y cuando se acepta que se tiene una conciencia muy laxa, para que la enmienda
sea verosímil hay que cumplir la penitencia, que no es otra cosa que
asumir las responsabilidades políticas pertinentes. En primer lugar, al ocupar las instituciones,
el partido se confundió con el Estado deviniendo en un vehículo
dispensador de puestos, cargos y prebendas y, con la eficaz labor de la comisión
de conflictos, en un disciplinado séquito del Jefe del Gobierno y Secretario
General. De la progresiva eliminación de la economía capitalista, anunciada por Felipe González en el XXVIIIº Congreso (1979), mediante el control del sistema de producción y una nueva distribución del trabajo, las rentas y el consumo, se pasó a la simple administración del capitalismo, término que se sustituyó por la economía. El capitalismo ya no era un modo de producir que explotaba a los trabajadores y repartía desigualmente la riqueza, sino el sistema que había que gestionar con lo que se tenía más a mano: las teorías neoliberales difundidas por Reagan y Thatcher, aceptadas también por la socialdemocracia europea. Felipe González siempre ha sentido una fascinación por la señora Thatcher, no física sino ideológica sobre su contundente manera de gobernar, diría un dolido Nicolás Redondo, tras la ruptura del PSOE con la UGT que condujo a la huelga general de 1988. Sin llegar a la inconsistencia de Zapatero
en los asuntos exteriores, también había aspectos a revisar
en las relaciones de los gobiernos de González con la OTAN, el Mercado
Común o el Vaticano, pero los casi mil delegados que asistieron al
XXXVº Congreso, de los que las tres cuartas partes lo eran por primera
vez, respaldaron la decisión de hacer tabla rasa con el inmediato pasado
y dar por zanjada la etapa felipista con un relevo generacional.
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