Trasversales
Roland Denis y Miguel Arteaga

La perestroika venezolana. El empobrecimiento absoluto de la clase trabajadora, nuevo logro de la conspiración contrarevolucionaria interna

Revista Trasversales número 38 julio 2016

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Usted está descontento y amargado y esto ya es bastante. Pero si una vez pudiera usted ponerse completamente furioso, sería mucho mejor”

Jarno a Wilhelm Meister, en Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister

Goethe


Qué lástima para la búsqueda escondida de resguardarse siempre en el lugar de la víctima, del atacado; qué pena para el gobierno, pero la Carta Democrática de la OEA como que no va. Pero sí va la depresión total del valor del trabajo de la clase obrera; eso se consolidará ahora, en unos meses, cuando se sinteticen los valores del dólar flotante oficial y el paralelo en un esquema hiperdevaluativo, hiperinflacionario y legalizado finalmente.

Estamos viviendo en un tiempo que, gracias a las redes sociales y la multiplicación de los significantes vacíos dentro de la conciencia colectiva, por momentos hubiésemos creído que el imperio estaba a punto de invadir nuestras tierras. Que la patria, de acuerdo a las premisas de la mitología bolivariana iba a ser invadida por ejércitos imperialistas. Es más o menos el sueño o la pesadilla de todo el patético discurso izquierdista que se ha construido en los últimos setenta años, después de la muerte de esa gran mente libre y creadora que fue José Carlos Mariátegui (1894-1930).

En definitiva, todos los esquemas de víctimas lloronas que deberíamos ser los pueblos según esta comprensión política, no se pudieron dar. Esto lo vemos desde el punto de vista de la conciencia disciplinada y burocratizada del chavismo sobreviviente.

¿Ahora qué es lo que realmente pudo conseguir la burguesía y el imperialismo en nuestra tierra? La insólita devaluación del valor trabajo en 20 veces su valor. Eso no vale nada desde el punto de vista discursivo. Allí, efectivamente no hay patria, no hay naturaleza, no hay Bolívar ni Chávez. Esas son palabras que pueden servir de impulso trascendental en algún momento particular de la historia pero jamás de realidad concreta: el proletariado no es un discurso a-significante ni mitológico, es absolutamente significativo cuando se trata de las calles, en las comunidades, el trabajo, un hecho vivo para una historia sin continuidad otra que no sea su propia heterogeneidad y locura, una vivencia dura y sin ecos, una maquina esclavizada que no cuenta con el dolor de nadie; sólo equivale a la existencia diaria de millones de seres que no tienen poder alguno sobre el discurso dominante, de izquierda o derecha, poco importa; hacedora por cierto de cada uno de los rincones del país donde vivimos, como fuerza de trabajo que son.

En fin, hoy en día Venezuela no es más que eso: un lugar supuestamente lleno de riquezas, pero de acuerdo a lo que vale cada quien dentro del capitalismo hoy valemos 20 veces menos: ayer 300 dólares, y hoy unos 15. Eso no se puede “discursear”, eso no es un problema de violación de los derechos humanos o de la naturaleza, no es un etnocidio ni un genocidio aislado (hechos perfectamente compatibles con el discurso hegemónico burgués, “discursiables”, que aborrecemos como hechos por supuesto), es un testimonio de explotación pura y general, que los mezclan a todos ellos en la síntesis horrorosa del capitalismo.

Y vean cómo se mueve la conspiración interna. Se necesitan esquemas de atrapamiento, de neutralización, además de cooptación y represión. Esquemas de disciplina y control, que, en el caso concreto nuestro, para lograr semejante despropósito histórico utilizaron dos maquinarias creadas justo en los años de avance revolucionario. El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) como maquinaria de clientelismo, despolitización, desarme y desorganización del pueblo en lucha. Los resultados son per­fectos a nivel de la sociedad-masas. Pero en este caso más preciso, relativo al valor de la fuerza de trabajo, el PSUV fue acompañado por la creación de una maquinaria archiburocrática, liderizada por el se­gundo al mando de Carlos Ortega dentro del sindicalismo adeco petrolero, como es la Central Bolivariana Socialista

[NTr: en el párrafo anterior los autores se refieren a Wills Rangel, hoy presidente de la Central Bolivariana Socialista de Traba­jadores y que fuera "brazo derecho" de Car­los Ortega cuando éste dirigía la Confederación de Trabajadores de Venezuela. También estuvo vinculado al partido Acción Democrática].

Si hay algo mucho más traidor a la clase obrera que la propia Confederación de Traba­jadores de Venezuela (CTV) es esta central. Mientras la CTV se jugó siempre a la negociación pro-patronal donde algo le quede al trabajador, o a hechos terribles como el despojo de las prestaciones sociales, esta Central, que por sí sola no convoca ni mil personas, no obstante ha sabido crear el cuadro justificativo (por las “altas razones del socialismo, ajenas a toda necesidad ma­terial”) de desmembrar y desfalcar por completo a la clase obrera.

Eso hay que to­marlo en cuenta, toda conspiración contrarevolucionaria necesita de sus “aparatos de masas”, esa fue la gran lección que dejaron quienes acabaron con la revolución mexicana. Pero sigamos con el tema. Cosa paradójica: ¿por qué quienes garantizan la vida de todos, su desenvolvimiento diario, así sea el pan de la panadería, no son objeto del dolor de nadie dentro de los discursos binarios dominantes, sino sólo, como mucho, de denuncias oportunistas? La respuesta no es simple, posiblemente porque al ser humano a estas alturas ya no le preocupe otra cosa que su desenvolvimiento individual; quizás. De todas formas a nuestro parecer siempre será mejor no obtener el dolor y la misericordia de nadie, porque eso le permite a la hora de levantarse a la clase obrera, a la pobrecía trabajadora, construir una razón de su alzamiento totalmente fuera de la moral del dolor y el recogimiento. Así el pobre se alza con su propia voz sin deuda moral con nadie.

Pero si hay algo que el chavismo burocrático logró sin mayores penas fue imponer los discursos mitológicos sobre el examen crudo de la realidad diaria: logró la indiferencia absoluta sobre la realidad concreta y superponer a todo el movimiento popular una estructura binaria de comprensión entre “patria e imperialismo”, “escuálidos y chavistas”, “oligarcas y pueblo”, cuando sabemos de sobra cuántas cuentas conjuntas manejan los que controlan el discurso de la “patria”, “revolución”, “socialismo”, y los representantes de la burguesía tradicional, que son de hecho los grandes acumuladores de capital de lado y lado. Negociaciones magníficas, que se reproducen día a día hasta convertir a personajes de la alta oligarquía en manejadores de toda la estrategia de reconstrucción económica; es el caso de Oswaldo Cisneros, antiguo due­ño de todas las grandes minas sobre el río Cu­yuní, que ahora va por su recuperación privada y al que han puesto al frente de todo lo que llaman el Motor Minero (2), junto a la gula de la Compañía Anónima Mi­litar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas (CAMIMPEG), la empresa militar corporativa con derecho a todo negocio minero, energético, etc., que ahora pretende en nombre de la nación manejar todos los grandes negocios por venir alrededor del arco minero.

[NTr: En febrero, Nicolas Maduro activó el motor minero para la exploración y explotación del Arco del Orinoco, plan en el que se prevé una participación del 35% de capital privado. Madu­ro integró al oligarca Oswaldo Cisneros en el Consejo Nacional de Economía Productiva en representación del motor minero. Análisis crítico de ese plan]

Los grupitos que desde todo el Banco Central y todas las instituciones del control de divisas negociaron a su conveniencia más de 350.000 millones de dólares que terminaron en fuga, las reservas de oro (de las cuales no se sabe ni cuánto queda) y una deuda interna y externa que no ha hecho más que incrementarse de manera total­men­te improductiva, sostenida hoy en to­neladas de bonos que negocian la gran y pequeña burguesía en los mercados de bonos basura, siendo aún así un gran negocio final para ellas. Una circunstancia además muy curiosa, porque hace alrededor de tres años se ad­virtió esto con pelos y señales, consecuencias y números, sobre lo que iba a suceder y las alternativas inmediatas, que para entonces no era más que un dólar unificado alrededor de 35 bolívares, un ajuste de precios que no pasaba del 40%, recuperado salarialmente en menos de un año y un programa en el campo social y económico radicalmente de izquierda y autogestionario (algo que ahora pretenden instalar, casi en los mismos términos, pero con una nación totalmente quebrada, social y políticamente desmembrada; tarea de la conspiración interna, hacerlo cuando ya no hay nada que hacer).

La respuesta de todas las variantes del chavismo, desde las más “críticas” hasta las más oficialistas, fue que estas propuestas eran un programa neoliberal, neoclásico, con cuanta barbaridad teórica se le ajustó, la misma barbaridad que por años acompañó el “modelo Giordani” [NTr: Jorge Giordani: fue varias veces ministro de Planificación de Venezuela, hasta junio de 2014; actualmente crítico hacia Maduro], creando las condiciones intelectuales y programáticas para concluir el más gigantesco desfalco a las divisas nacionales y el valor de la fuerza de trabajo que se haya hecho sobre nación alguna nuestramericana, en toda su historia.

La utilización de las fantasías estatistas izquierdistas fue descomunal y el oscurantismo de esta intelectualidad fue impresionante. Pero ése no sería el principal problema, la izquierda ha estado llena en su historia de esos huecos oscuros que luego son salvables; es un debate para sus diatribas académicas internas. Lo insólito de todo es cómo, desde los umbrales conspirativos y contrarevolucionarios alojados en el Esta­do, no se dieron cuenta de algo evidente: que esta línea de destrucción del trabajo, aunado o condicionante de la inmensa acumulación de capital que obtuvieron, a la final no podían sostenerlo políticamente des­de la pura mitología chavista y su juego mediático. Se les vino al suelo su cálculo político, según el cual sólo desde la desmemoria, la religiosidad popular y en definitiva desde la manipulación de masas podrían sostener semejante destrucción material de lo que toda esa memoria de sueños suponía.

El poder-Estado siempre al final se cree dueño de la consciencia, y cuando van a cantar victoria, como es el caso de la destrucción total del valor de la fuerza de trabajo, todo se les desvanece. La “malandrería” política, mediática y legal con que se oponen al juego de la derecha opo­sitora institucional, constitucionalista, conservador y obviamente manipulador utilizando todas las agencias internacionales en sus manos, da a ver hasta qué punto se les “reventó el coco” a estos traidores y conspiradores de la revolución popular. Hacia donde nos llevan, lo que se vislumbra, parece aún peor. El escenario no parece para nada prometedor, al menos provechosamente para la gran mayoría que día a día pagamos cuota por cuota lo que los grandes saqueadores se robaron en estos años de la llamada “revolución”, las cifras gigantescas, alrededor de unos 350.000 millones de dólares. Esto es lo que cada uno de nosotros paga sufriendo las calamidades que representa la crisis actual, cada uno de nosotros tiene que pa­gar y quién sabe por cuánto tiempo, la felicidad de quienes saquearon las riquezas del país.

Mientras nos sacrifican ellos gozan a todo lujo sin ninguna necesidad más que arreglárselas para ver dónde ponen sus e­normes cantidades de dinero, con qué g­o­biernos negocian para que les den cabida a ellos y a sus fortunas, esto a cambio de quién sabe qué, cosa que puede llegar a convertirlos en colaboradores o agentes de potencias extranjeras. Como ya se han visto casos de importantes funcionarios del gobierno, que van a parar curiosamente directo a los Estados Unidos de Norte América.

Pero como decíamos el panorama no parece nada alentador, las nuevas medidas que se cocinan desde el gobierno nacional, a cargo de su chef en la materia, el vicepresidente para el área económica Miguel Pérez Abad, nos indica el camino que tomará la situación económica del país. En una entrevista reciente manifestó “la posible liberación del dólar”, cosa que hubiese tenido sentido hace unos tres años como dijimos, y que fue motivo de acusaciones de todo tipo y que ahora los mismos acusadores harán pero tarde, causando un estrago indescriptible al bolsillo de todos los venezolanos. Dicho de manera muy clara, lo que el gobierno pretende, con Pé­rez Abad a la cabeza, es llevar el DICOM a precios de dólar paralelo, es decir igualarlo al precio de dolartoday.com, que por cierto ahora vemos hasta qué punto ellos mismos lo manejaban, mientras hubo divisas para robar.

[NTR: DICOM es el Tipo de Cambio Complementario flotante, aplicado a las transacciones no incluidas en el tipo de cambio protegido; a mitad de junio de 2016 estaba a unos 600 bolívares por dólar. La web dolartoday.com está vinculada a la oposición de derecha y estima diariamente la tasa dólar/bolivar en el mercado negro venezolano (a mitad de junio de 2016 daban unos 1100 bolívares por dólar); sus directivos residen en Estados Unidos]

Estimamos que sería de unos 800 a 900 bolívares por dólar. Esto significaría una devaluación descomunal de la moneda. La unificación cambiaria significaría el reconocimiento implícito de la dolarización de la economía, con una cla­se trabajadora que cobra en bolívares totalmente devaluados (15.051 bolívares del salario mínimo nacional más 18.585 bolívares en ticket de alimentación son 33.636) y que esos bolívares convertidos en dólares no pasarán, en un escenario del dólar oficial a 800 bolívares, a ser más que la mísera cifra de 42 dólares, dejándonos así como el país con el sueldo mínimo más bajo de todo el continente, un sueldo mínimo que ahorita representa unos 33,5 dólares si calculamos a los precios con que se maneja todo el comercio nacional. Todo esto sucederá sin que ni siquiera hasta los momentos hablen de un subsidio directo a la población, solo unas bolsitas de comida que los llamados Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) se repartirán entre los allegados al PSUV, una especie de “comunismo de guerra” que destroza y no hace consciencia, en medio del más atroz neoliberalismo. ¿Cómo se llama esto sino una descomunal estafa a la clase trabajadora?

Aunado a esto se habla de un plan de re­­­du­c­ción de colas en los supermercados, y de entrada sabemos que no se trata sino de una política de liberación de precios disimulada con el nombre de “cero colas” en los supermercados, obviamente que si los pocos productos que se consiguen a precios regulados en algunos establecimientos y que son los causantes generadores de colas, se comienzan a vender a precios dolarizados las colas desaparecerán, y no porque los em­presarios abastezcan sino porque la gen­te pobre que hace cola para poder comprar algunas cositas de los productos básicos a precios regulados ya no va a tener para comprar a precios “liberados”, a precio do­larizados.

Como se ve, la retorica populista está a la orden del día. La liberación de precios y la dolarización de los productos se presentará como “plan para acabar con las colas”. La clase trabajadora será nuevamente quien tenga que pagar las cuotas de sacrificio para que los ricos de un lado y de otro sigan viviendo felices. Una conspiración perfecta.

No obstante, el gobierno nacional se adentra a un laberinto tenebroso del que nadie ha salido con vida, si se toman estas medidas de unificación del dólar y liberación de precios sin que se haga los ajustes correspondientes a los salarios y subsidios, como parece ser, esto sí será el verdadero caos. Y no un caos creador como el 27 de febrero [el 27 de febrero de 1989 se inició el caracazo, sublevación popular durante la cual la represión del gobierno de Carlos Andrés Pérez asesinó a centenares de personas], sino una situación que nos acerca tendencialmente al escenario sirio, como dijimos en un previo artículo.

Ya bien caro han costado a lo largo de la historia graves errores como a los que se está adentrando el gobierno nacional, el más claro de ellos fueron las políticas de reformas económicas en el ocaso de la URSS, a las que son muy parecidas las que se aplican aquí en estos momentos. La liberación de precios en la URSS, que pretendía acabar con la escasez de artículos e incentivar a las empresas a la producción, se convirtió en un verdadero desastre que puso al 90% de la población en una situación de miseria, producto del elevado costo de la vida, mientras, como aquí, una minoría de ma­fiosos se enriquecía de manera grosera. Es­to sumado a lo que llamaron “saneamiento de la economía”, que no era más que la reducción del presupuesto estatal, que llevó consigo la reducción de los gastos en educación, salud, seguridad social, etc. Otro hecho significativo fue el traspaso de las propiedades estatales a manos privadas, co­sa que ya hay señales que sucederá aquí, en un escenario casi idéntico en lo que se refiere a la situación de las fábricas actualmente en manos del Estado, un aparataje sin funcionamiento, empresas improductivas, todo con la finalidad, como ya hemos advertido, de que la élite corrupta sean los próximos dueños de estas empresas cuando todo gire hacia la privatización, cosa que, como en la URSS, terminará favoreciendo a ciertos grupos financieros y al funcionariado que trabajan en este objetivo.

Como decíamos, el ocaso de la URSS allá por la década de los 80 da muchas luces sobre lo que está pasando actualmente en nuestro país, otro de los ejemplos más claros es que cuando la economía lícita falla o la hacen fallar, inmediatamente nace su hija directa, la economía subterránea. Ésta, allá por la URSS como aquí ahora, jugó un papel determinante en los niveles de co­rrupción que abrazaron a esa sociedad, comandados por supuesto, como es evidente en nuestro país, por una élite burocrática con intereses particulares. La escasez generó mercados paralelos que por aquí llamamos “bachaqueros”, el contrabando de mercancías era la cotidianidad común, y un dólar paralelo que se disparaba a más de 6 rublos por dólar, mientras que la tasa oficial era de poco más de un rublo por dólar. Esto, como lo hemos evidenciado en carne propia, suponía un gran atractivo para la población que recurría al mercado negro, fortaleciendo así a las mafias ávidas de dólares para las actividades de contrabando.

La economía subterránea nace de la corrupción y mina todas las bases de la construcción de una sociedad más justa, y la misma megacorrupción del grupúsculo en el poder se convierte en conspiración contra la revolución popular en nombre de ella. Los que se benefician de estas distorsiones económicas, la élite corrupta, serán el nuevo empresariado del futuro, tal y como sucedió a la caída de la Unión Sovié­tica. Ya lo dijimos, no es que no sepa cómo hacer funcionar las empresas o iniciativas en manos del gobierno, no es que no haya suficiente inteligencia como para ponerlas a producir, sino que todo está programado para que eso no suceda, para que cualquier iniciativa de este tipo fracase, para que los planes particulares o en grupos de las élites corruptas sean los futuros dueños y señores de todo lo que ahorita están destruyendo.

Notamos con estupefacción que hemos llegado nuevamente al punto de partida de lo que significó el surgimiento de esta historia llamada “Revolución Bolivariana”, las mismas condiciones que hicieron surgir a ésta rebrotan nuevamente, parece cumplirse lo que Nietzsche definía con la idea del eterno retorno, que lo que vivimos actualmente ya lo hemos vivido anteriormente y lo reviviremos exactamente de la misma manera, que no hay elección y que lo seguiremos reviviendo una infinidad de veces, es decir, que ante el eterno retorno de las cosas, no podemos hacer más que asistir a la repetición. Lacan también lo dijo a su manera, con su teoría del movimiento circular, donde se genera el proceso de renuncia del débil y acumulación por parte del poderoso. Si este eterno retorno de las cosas es una realidad, si el movimiento circular nos obliga a llegar nuevamente a puntos de partida, nos quedamos con la definición que Deleuze tiene sobre esta idea del eterno retorno, dice que sí, que todo gira en la idea del eterno retorno, pero que hay que empeñarse en desear y ejercer una influencia sobre ello para que esto suceda de forma favorable.

Partiendo de esta premisa, el movimiento revolucionario futuro deberá construir sus bases en un profundo autoanálisis que nos permita ver con claridad todos los puntos que nos llevan eternamente a estas situaciones, para poder empeñarse como dice Deleuze a ejercer voluntad de poder para lograr que las cosas sucedan de otra manera. Si hay que comenzar por algo, ese algo es a nuestro parecer identificar todos los nudos donde se reafirman los métodos de control, identificar donde el Estado acentúa sus re­des de control, hay que escrutar los conjuros de este gran hechicero oscuro llamado Estado, debemos bajar a las profundidades y ver su rostro infernal para saber de qué se trata, desenmascarar sus códigos lingüísticos y comunicativos que le dan todo su poder. Mirarle a la cara y desgarrarle el ve­lo con que se encubre, hacerlo evidente, mostrar su verdadera cara. La cara del Estado posmoderno es la cara de la muerte, y los poderes diseminados en grupitos co­rruptos y despóticos son sus cuidadores.

La construcción de la nueva genealogía del sujeto revolucionario deberá pasar por enfrentar a estos monstruos que moran en la oscuridad, el nuevo sujeto revolucionario debe enfrentar a la muerte para que renazcan inmensamente sus deseos de vi­vir. Hoy se debe asumir esta catástrofe co­mo un punto de partida hacia una nueva cons­tructividad radical, darle un nuevo sen­tido a la lucha revolucionaria es una ta­rea urgente, Zizek lo dice a su manera: “el verdadero acto político no es simplemente que cualquier cosa funcione en el contexto de la relaciones existentes, sino precisamente aquello que modifica el contexto que determina el funcionamiento de las cosas”. Rompamos pues con el orden de dominación que nos ata a la trágica repetición de los errores y cegueras en las experiencias revolucionarias a lo largo de la historia, el quiebre histórico debe hacerse ahora, salir del circulo vicioso de la tragedia y la victimización, romper con la continuidad, no solamente la continuidad como dominación, sino la continuidad de nuestra reproducción de su dominación.

Hagamos entonces como en la revolución de julio [de 1830], donde en algunos lugares de París, al mismo tiempo y sin previo acuerdo, se disparó contra los relojes de las torres. Cuenta Walter Benjamin que “Un testigo ocular, que acaso deba su acierto a la rima, escribió entonces: ¡Quién lo creyera! Se dice que indignados contra la hora estos nuevos Josué, al pie de cada torre, disparaban contra los relojes, para detener el tiempo” (Tesis sobre el concepto de Historia, tesis XV). Los revolucionarios franceses pretendían detener el tiempo, pero también romper con el tiempo antiguo. Disparemos a los relojes, escribamos lo nuevo, esto deberá levantarse inevitablemente, como la flor en las grietas del concreto.